De la Serie A propósito
por
Jake Taylor
Exordio
Juan: «Manuel, ¿me puedes ayudar? Necesito dar una conferencia y no sé cómo».
Manuel: «Desde luego, Juan, ¿qué clase de conferencia vas a dar?»
Juan: «No me han dicho. No estoy seguro si tengo que hablar sobre el pueblo, la escuela, la familia o sobre la inmortalidad. No tengo la menor idea.»
Manuel: «Pues es sumamente importante saber de qué vas a hablar; de otra forma sólo estaríamos adivinando.»
Juan: «¿No hay alguna fórmula que me permita escribir un discurso sobre cualquier cosa que yo quiera?»
Manuel: «Sí la hay, Juan, claro que sí. Se la debemos a los antiguos romanos; ellos hicieron de la escritura de conferencias y discursos un verdadero arte. De hecho, su fórmula nos sirve hasta para escribir una tesis.»
Juan: «¿Una qué?»
Manuel: «Una tesis, Juan, es una proposición que alguien hace y que después se lanza a demostrar como cierta. Por ejemplo, al graduarse, los doctores escriben tesis acerca de algunos descubrimientos que han hecho o acerca de ciertas ideas que puedan tener. Pueden decir, por ejemplo, que su nueva fórmula curará cierta enfermedad o aflicción. Escriben una tesis para demostrar las razones de esto, dan ejemplos, indican cómo la desarrollaron, las pruebas que llevaron a cabo, etc.»
Juan: «Me suena complicado.»
Manuel: «Suena complicado, Juan, pero no lo es.»
Juan: «Bueno, ¿entonces cómo comienzo?»
Manuel: «Empiezas por el exordio.»
Juan: «¿El qué?»
Manuel: «El exordio no es otra cosa, Juan, que el pedirle a otras personas que te presten atención porque tienes algo que decirles. Uno de los exordios más geniales y conocidos es el que dice Marco Antonio en la tragedia de La vida y muerte de Julio César por William Shakespeare. Marco Antonio dijo: Amigos, romanos, compatriotas, prestadme vuestros oídos. Magnífico, Juan, simplemente magnífico.»
Juan: «Pues mi sargento lograba lo mismo con sólo gritar: ¡Firmes!»
Manuel: «Muy buen punto, Juan, ése es un exordio muy conciso y explosivo.»
Juan: «De manera que si les digo: Escúchenme; tengo algo que decirles, iría por buen camino pero y luego, ¿cómo continúo?»
Manuel: «Continúas dándoles el orden en el que les vas a relatar lo que les vas a decir. Por ejemplo, si vas a hablarles sobre el pueblo, puedes decirles lo siguiente: Primero voy a adentrarme en la historia del pueblo antes de la llegada del ferrocarril. Luego, les hablaré sobre el primer carro de bomberos que tuvimos. En tercer lugar les hablaré sobre la construcción de nuestra primera escuela secundaria hasta llegar al presente… Etcétera, etcétera.»
Juan: «En ese caso y suponiendo que me pidan que les hable acerca de mi familia, les podría decir: Primero quiero hablarles sobre el lado paterno de mi familia y luego sobre el lado materno. Y allí le sigo, ¿verdad?»
Manuel: «Exacto Juan. Y por cierto, ¿qué les dirías acerca de la familia por parte de tu papá?»
Juan: «Que siempre alegaron haber llegado a este país en busca de libertad, etc., etc., pero que en realidad los corrieron de Inglaterra por no saber llevarse bien con los demás.»
Manuel: «Bien, entonces procedes diciéndoles las cosas importantes de los dos lados de tu familia y continúas.»
Juan: «¿Continúo con qué?»
Manuel: «Mira, dado que sólo estás hablando sobre tu familia, podrías dar por concluida tu narración diciéndoles que has llegado al final. Les das las gracias por su atención y sanseacabó. Estoy seguro de que te aplaudirán cuando termines.»
Juan: «Ah, pero ¿qué pasa si tengo que presentar una tesis o una propuesta importante como la necesidad que hay de usar más energía solar; entonces qué hago?»
Manuel: «Presentas tu argumentación.»
Juan: «¿Tengo que argumentar algo?»
Manuel: «Sí, tú tienes que exponer las razones en pro de tu idea, de tu propuesta, en este caso en pro del uso de la energía solar.»
Juan: «¿Y cómo le hago?»
Manuel: «Dividiendo tu argumentación en tres partes: Principio, Parte Media y Final.»
Juan: «¿Qué hago al principio?»
Manuel: «Presentas los datos, por ejemplo: cuánta energía es la que consumimos, de dónde la obtenemos, etc. Si estuvieses escribiendo una novela, este es el momento de presentar a los personajes. También es el momento oportuno para causar impacto: Esto es vital, necesitamos utilizar otras fuentes de energía, etc.»
Juan: «¿Qué debo hacer a la mitad de mi narración o argumentación como tú la llamas?»
Manuel: «Amplías tus argumentos en el orden en que los mencionaste: Como dije antes, nosotros consumimos X cantidad de energía solamente del carbón; además, consumimos tanto de gas y de petróleo, etc. Este es el mejor momento para añadir un toque de humor a tu narración. La razón de lo humorístico es para mantener la atención del auditorio. Si se ríen, con suerte y hasta se despiertan los que están dormidos.»
Juan: «¿Y al final?»
Manuel: «Haces todo lo posible por conmover a tu auditorio al punto de las lágrimas, si eso es lo apropiado. También te aseguras de que comprendieron la importancia de tu tesis.»
Juan: «Y ése es el último acto, me supongo.»
Manuel: «No, no lo es. Ahora tienes que refutar cualquier argumento en contra de tu tesis. Tienes que anticiparlo, por ejemplo, podrías decir: Sé que habrá quien diga que mi idea es demasiado costosa, pero yo le respondería que es aún más costoso no llevarla a cabo; de hecho, sería sumamente cara para la próxima generación. El momento de proceder es AHORA, etc., etc.»
Juan: «Y ahora sí, ya se acabó.»
Manuel: «Todavía no, Juan; ahora, en tu epílogo, tienes que recordarles lo que les acabas de decir.»
Juan: «¿Sabes una cosa, Manuel? Tú siempre sales con palabras raras. ¿Qué significa eso de epílogo?»
Manuel: «Una conclusión en la que repites brevemente lo que se habló, también es una buena forma de decir que ya has demostrado tu punto y que has acabado.»
Juan: «¡Vaya que estoy acabado! Nunca me voy a acordar de todo esto.»
Manuel: «Entonces recuerda una versión simplificada de un consejo dado por Aristóteles, el filósofo griego, a este respecto: Diles lo que les vas a decir. Díselos. Y luego diles lo que les acabas de decir.»
© Jacob A. J. Taylor 2012